Haití-Elecciones: Cuando un proceso electoral corre el riesgo de convertirse en trampa …

Puerto Príncipe, Domingo, 04 de octubre 2015, por Garry Olius *, sometido a AlterPresse el 28 de septiembre 2015 –

Los malos hábitos tardan en morir y los maliciosos – demasiado acostumbrados a la estupidez – se oponen un final de inadmisibilidad a cualquier solicitud de cambio de comportamiento. En sus corazones, creen que la villanía política no tiene límites y que nadie, ni siquiera el pueblo unido como un solo hombre, podrá responsabilizarles por todo el mal que se les reprochen. ¿Debemos reír o deberíamos llorar? No estamos muy seguros que una reacción sentimental puede tener algún efecto sobre los tomadores de decisiones sin escrúpulos. Por cierto, hay bastantes comedias y tragedias que podrían generar reacciones emocionales, pero ante tanta carcajada o la efusión de lágrimas, los observadores experimentados deben primero tratar de entender …

Los malos hábitos tardan en morir y la estupidez parece no tener límite superior en este mundo nuestro. Por fuerza de las circunstancias, la presunción se está imponiendo actualmente como una nueva forma de racionalidad política. Es quizás en este sentido que debemos registrar la actitud de los Consejos electorales haitianos creados a discreción de los mandatos presidenciales con el único propósito de permitir a los regimenes gubernamentales reproducirse, incluso en ausencia de la producción de resultados convincentes. Prohíben cualquier posibilidad de evolución positiva. De Maitre Gilbert a Opont, pasando por Gaillot Dorsainvil (NT todos presidentes del Consejo Electoral Provisional en los últimos años), nada ha cambiado, la actitud contemplativa frente a la mascarada electoral se mantiene intacto. Todos y todas siempre encuentran – en las profundidades de la debacle – una buena razón para estar satisfechos.

Mientras tanto, los donantes de consejos de la comunidad internacional también persisten en su reflejo escandaloso de hacer entender que Haití es el único país donde lo inaceptable en materia electoral no existe y que para hacer tragar la poción nauseabunda sólo hace falta batir la gran caja diplomática o buscar los buenos oficios de la Embajada de Estados Unidos, la OEA y el Club de Madrid. Como que la sola intervención de estos organismos es suficiente para que la cosa repugnante se convierte en un objeto de contemplación y, por rebote, los recalcitrantes se tranquilizan y se alinean dóciles en el proceso de santificación de la metedura de pata.

Los actores internacionales se creen tan fortalecidos que hasta llegan a creer que ni siquiera tienen que cambiar de tácticas para imponer sus puntos de vista. Descaradamente, recurren a su instrumento favorito – la OEA – para inventar una teoría que permite redefinir lo que es bueno en materia electoral, para interpretar el significado de un voto en blanco, determinar a voluntad las condiciones de admisibilidad de las actas y utilizar métodos de cálculo infra-matemáticos para determinar el ganador de las elecciones. Sucedió así en 1997, en 2000, 2006, 2011 y … en este año 2015, este organismo regional acaba de ser convocado por enésima vez, sin duda para llevar a cabo estas mismas tareas. Tal vez con la única diferencia de que ahora la campana pregrabada y emitida por la OEA es amplificada progresivamente por una orquestación acústica en la cual alternan las intervenciones de Pamela White, Sandra Honoré, las cajas locales de resonancia política, el club Madrid y el nuevo embajador de la Unión Europea.

Esta disposición salta a la vista y deja un sentimiento universal de déjà vu. Pero la situación se ha vuelto tan preocupante que ningún haitiano puede presumir de ver la luz al final del túnel. Y por lo tanto, es pertinente preguntarse perplejo, ¿qué será Haití el 26 de octubre 2015?

Quienes piden a gritos la anulación pura y simple de las elecciones legislativas de agosto de 2015 y quienes reclaman aceptarlas como si nada hubiera pasado (al tiempo que prometen que las cosas mágicamente serán mucho mejores en los próximos juegos) tienen puntos de vista similares aunque diversos, en el sentido de que todos quieren ahorrarse el esfuerzo de un cuestionamiento más a fondo o incluso una seria reflexión sobre lo que realmente pasó.

Ahora, para que los desvíos se corrigen con eficacia, requeriría primero que el CEP asume el coraje macho de aceptar el hecho de que ha habido desvíos y por lo tanto, reflexionar con las partes interesadas sobre la composición de una hoja de ruta, con propuestas claras para terminar con la cascada de procesos programados. En esto, una comunidad internacional impregnada de valores republicanos y verdaderamente respetuosa de la ética de la democracia, podría proporcionar un marco apropiado. Es también en base a esas consideraciones que debe entenderse la racionalidad política de las organizaciones que han reclamando una evaluación sistemática, circunscripción por circunscripción, de todo lo sucedido el 9 de agosto de 2015.

Por desgracia, el CEP y los procónsules de la comunidad internacional creyeron bueno poner de moda el “no-es-nada” y asumir de manera infantil el riesgo de cometer los mismos errores en los próximos pasos del proceso electoral. La decisión de avanzar a ciegas tendrá consecuencias graves y ellos lo saben. Sin embargo, es difícil determinar a priori lo que quieren, a menos que se puede predecir sin bola de cristal lo que ocurrirá el 25 de octubre, si es que esa fecha se mantiene.

Por otra parte, sabemos que la orientación ofrecida por el PNUD, si bien es necesaria, tiene el efecto perverso de atrofiar la capacidad autónoma de obrar correctamente de todos los CEP que han sucedido desde 1988 hasta nuestros días y que no es casualidad que después de más de 25 años de este mal-llamado aprendizaje, los nacionales que presumen de aprendices no aprendieron nada y cometen los mismos errores. Sabemos que a pesar de la inclusión de nuevas tecnologías en la gestión de los procesos electorales en todo el mundo, los procónsules internacionales nunca han aconsejado al CEP a eliminar esta instancia centralizada llamada Centro de Cómputo de los Resultados, una estructura sospechosa percibida como un terreno fértil para la estafa. La malicia popular incluso lo llama Centro de Manipulación de los Resultados.

Reconociendo esto, sabemos que a medida que este centro sigue existiendo, incluso los mejores procesos no podrán superar esta sospecha legítima. También sabemos que todas las malas jugadas del CEP conllevan un riesgo adicional para todas las demás etapas del proceso y que la suma de estos riesgos acumulados en sí mismo es una bomba de tiempo que tarde o temprano, estallará. Por último, sabemos que el tiempo juega en contra del régimen político actual que no debe tener el derecho a cometer errores en este asunto. Pero este factor tiempo también debe jugar en contra de la comunidad internacional, que – normalmente – debería haberse encontrado frente a un deber de resultados, habiendo dado su “compromso oficial” para establecer la democracia en Haití. A diferencia de los hombres y mujeres de poder en el lugar, puede jugar de Poncio Pilato en cualquier momento, lavarse las manos y agitar nuevamente la tesis de los cromosomas para justificar a posteriori su proyecto vergonzoso.

Sabemos además, que los llamados amigos de Haití tienen la virtud y la capacidad para disfrazar lo que quieren, predicando hipócritamente todo lo contrario de lo que desean. También saben dónde y cómo encontrar los ingredientes necesarios para confeccionar la creación de condiciones favorables a la generación de la coyuntura que desean. Queremos mostrar como prueba la declaración que hizo Colin Powell el 24 de febrero de 2004, para decir a quien quisiera entenderle que el Departamento de Estado de Estados Unidos nunca aceptaría que un gobierno electo (el de Aristide) fuese destituido por la calle. Y entonces … el 29 de febrero, menos de cinco días después, sabemos lo que pasó con la participación activa de funcionarios de Estados Unidos.

Como para jugarnos un truco, la historia nos muestra que quienes se encontraban en la calle en 2004 – cuando la declaración de Colin Powell – están en el poder en 2015. Por un resurgimiento histórico, se enfrentan ahora a una situación casi-similar, aunque parados al otro lado de la barricada. Creyendo que somos todos amnésicos, el Departamento de Estado de Estados Unidos una vez más reafirma su fe en la continuidad democrática y al mismo tiempo, declara su aversión por quienes trabajan para el comienzo de una transición en Haití. Y desde entonces, se multiplican las piruetas diplomáticas, no para construir las mejores condiciones posibles para las próximas etapas del proceso electoral, sino por otra cosa. En la zancada, el Departamento de Estado hizo venir de nuevo – como en territorio controlado – el gran manipulador Kennet Merten.

En resumen, la predicación diplomática actual está imbuida de un proselitismo que la torna más que sospechosa, dado los factores coyunturales ya mencionados. Parece natural que nos llevará, a través de las elecciones-a-disputas-amplificadas, a una verdadera ratonera. Sí, un agujero de ratón, similar a un ‘dead-end’, … un callejón sin salida! Y, como siempre, los malos hábitos tardarán en morir. En esta situación particular, esto se convierte en válido para los partidos políticos, válido para el CEP, válidio también para la comunidad internacional y, finalmente, válido para el régimen actual. ¿Deberíamos reír o llorar? Ni lo uno ni lo otro, es más urgente tratar de entender. Y si todavía hay tiempo, reaccionar rápidamente y bien …

……………

* Economista, especialista en administración pública

Contacto: golius_3000@hotmail.com

http://www.alterpresse.org/spip.php?article18954#.VhUqDGCTp7s

Traducción del francés gentileza Diálogo 2000 – Jubileo Sur Argentina

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