Haití en la encrucijada

Haiti-680x365Notas Periodismo Popular, 12/2/16 – Tras la crisis política abierta en Haití, luego del cuestionado proceso electoral llevado adelante durante el 2015, Michel Martelly dejó el cargo presidencial el pasado 7 de febrero tal cual lo establece la Constitución. Previamente, Martelly había asegurado que no iba a abandonar el sillón presidencial si no se lograba un acuerdo entre las partes implicadas en el conflicto, ante la posibilidad de un “vacío de poder”.

Ante esta situación, el sábado 6 de febrero, el Ejecutivo y el Parlamento acordaron constituir un gobierno de transición con mandato por 120 días, cuya labor central será la organización de la segunda vuelta electoral a realizarse el 24 de abril próximo. El presidente electo en esos comicios deberá asumir el 14 de mayo de 2016.

La segunda vuelta presidencial, que había sido programada para el 24 de enero, fue pospuesta por segunda vez a raíz del fuerte reclamo popular que inundó las calles de la principales ciudades haitianas durante todo el mes de enero, en rechazo a las irregularidades y el fraude en la primera vuelta, que había sido comprobado por la Comisión Independiente de Evaluación Electoral y rechazado por todos los candidatos, menos el ganador.

El mismo domingo 7 de febrero por la noche, el vocero del Departamento de Estado de Estados Unidos, John Kirby, emitió un comunicado en el que manifestó su satisfacción por el acuerdo alcanzado y transmitió la confianza del gobierno de Barack Obama en que todos los actores implicados en el mismo se guiarán por “los intereses de Haití y su pueblo, por encima de todas las demás consideraciones”. Asimismo, enfatizó el “papel constructivo” de la Organización de Estados Americanos (OEA) para fomentar el consenso. Kirby agregó que “Estados Unidos espera continuar trabajando con Haití y sus socios internacionales en apoyo al fortalecimiento de la democracia”.

Sin embargo, la misión de mediación enviada por la OEA el 31 de enero trabajó paralelamente a una delegación de Cancilleres enviados tras la IV Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) encabezada por el ecuatoriano Ricardo Patiño, que se reunió con Martelly y el presidente del Senado, Jocelerme Privert. Sin embargo, Kirby omitió esta mención en el comunicado oficial de la Casa Blanca, agregando un nuevo round en la “guerra fría” establecida entre estos dos organismos.

El regreso de Duvalier

El gobierno de Martelly logró aliar las dos fracciones de la clase dominante haitiana: por un lado, el ala duvalierista -cuyas prácticas se basan en el sicariato, el robo de tierras y la implantación del narcotráfico heredadas de la dictadura- representada por su esposa Sophia St. Rémy, proveniente de una conocida familia narcotraficante y hasta por el propio hijo de Jean-Claude Duvalier y funcionarios provenientes de su gobierno; y por el otro lado, la burguesía importadora -que se educa y vive en Florida-, representada en el gran empresario de telecomunicaciones y ex primer ministro, Laurent Lamothe.

El gobierno de Martelly-Lamothe implantó el neoduvalierismo, principalmente a través de las prácticas fraudulentas, la corrupción y la represión al movimiento popular, que lo llevó a la pérdida de legitimidad hacia 2014 y forzó la expulsión de Lamothe del gobierno. De esta manera, el partido oficialista Tet Kale (PHTK), llegó a las elecciones presidenciales de 2015 sin un candidato fuerte y reconocido.

Si bien el candidato oficialista Juvenel Moise, obtuvo el primer lugar con el 32,8% de los votos en la primera vuelta, Jude Celestin, candidato de la Liga Alternativa para el Progreso y la Emancipación Haitiana (Lapeh) -seguidor del ex presidente René Preval-, alcanzó el 25,2%, mientras que Moïse Jean Charles, de la plataforma progresista Pitit Dessalines (“Hijos de Dessalines”, apoyado por el movimiento Lavalas del ex presidente Jean Bertrand Aristide), alcanzó un 14,2% de los votos.

No obstante, las irregularidades durante el proceso electoral fueron notorias y masivas, generando un levantamiento popular sin precedentes en las últimas décadas, que fue acrecentado por la deslegitimación del presidente Martelly, quien avaló abiertamente el proceso electoral y los resultados.

En este marco, la movilización popular y el rechazo al gobierno saliente alcanzaron niveles tan altos como los que existieron hace 30 años, en 1986, con el derrocamiento de Baby Doc (Jean-Claude Duvalier).

El matrimonio Clinton y Haití: una relación tormentosa

Haití representa para Estados Unidos una ficha fundamental a jugar en el tablero de sus intervenciones extranjeras durante el 2016. El gobierno de Martelly, electo en términos fraudulentos en 2011, fue apoyado por el gobierno de Barack Obama, especialmente por Hillary Clinton, entonces jefa del Departamento de Estado.

Luego del gigantesco terremoto de enero de 2010 –en el que murieron cien mil personas- Hillary y Bill Clinton anunciaron la instalación del Fundación Clinton en Haití, con el objetivo de, en palabras de Hillary, “reconstruir mejor” el país y “ensayar nuevos modelos de desarrollo que pudieran luego ser aplicados en otras partes del mundo”. Esta fundación introdujo 36 millones de dólares en Haití, pero además, la Fundación Clinton-Bush para Haití (Clinton-Bush Haiti Foundation) ingresó otros 55 millones mientras que 500 millones de dólares fueron el resultado de los acuerdos impulsados por la Iniciativa Global Clinton por una Red de Acción para Haití (Clinton Global Initiative’s Haiti Action Network).

La intervención económica, acrecentada por la expansión de las empresas mineras norteamericanas y canadienses en el país producto de estas “iniciativas”, ha crecido de la mano de la intervención militar de la misión impuesta por la ONU (MINUSTAH) en 2004 –tras el golpe de Estado contra el cura y teólogo de la liberación, Jean-Bertrand Aristide, en el que participó la CIA a través del paramilitar Guy Philippe-.

El papel jugado por Hillary Clinton en Haití durante la campaña electoral de Martelly en 2011 –un candidato tomado del mundo del espectáculo haitiano- y a lo largo de estos años fue pública. Ha sido incluso asumido por la precandidata presidencial por el Partido Demócrata como una especie de “cruzada personal”, donde los intereses y negocios de su marido y ex presidente, Bill Clinton, a través de la Fundación Clinton, juegan un papel determinante con respecto a la política estadounidense para el país caribeño y el propio devenir de la economía haitiana.

Sin dudas, el resultado abierto por esta crisis política llegará a impactar la campaña electoral encabezada por Hillary Clinton, por ocupar la candidatura del Partido Demócrata hacia las elecciones presidenciales de noviembre de 2016. La prueba puesta sobre el pueblo haitiano, quien supo ser el primer pueblo libre de América Latina, deberá traspasar las barreras del silencio mediático y lograr un candidato que unifique los clamores antiimperialistas.

Micaela Ryan – @LaMicaRyan

http://notas.org.ar/2016/02/12/haiti-encrucijada/

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