“Volvemos orgullosos del país que tenemos y mejores seres humanos”

-Coronel José Gentini. Comandante de la misión en Haití (enero 2015-febrero 2016)

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Montevideo, La República, Publicado el Domingo 14 febrero de 2016 , 6:00am

En Haití, existen “claros vínculos entre cúpulas políticas y grupos criminales”.

 El coronel del Ejército José Gentini acaba de regresar de Haití donde se desempeñó durante 13 meses al frente del contingente uruguayo desplegado por la ONU. Fue su quinta misión de mantenimiento de la paz y la primera en la que le tocó ejercer como comandante. Su desempeño fue reconocido por la ONU que destacó en especial la labor como titular del primer batallón combinado entre Uruguay y Perú, experiencia inédita y en la que nuestro país ejerció el mando.

Actualmente Uruguay está instalado al noreste de Haití, limítrofe con República Dominicana, en la Base “ Batalla de Las Piedras” que cuenta con 410 efectivos, 250 uruguayos y 160 peruanos. En total, el componente militar multinacional de la Minustah tiene unos 2.300 efectivos, comandados por un brigadier general brasilero y un segundo comandante que es chileno.
En entrevista con LA REPÚBLICA en la sede del Comando General del Ejército, Gentini, de 47 años, cuyo próximo destino será la dirección de la Escuela Militar, dijo sentir orgullo de vestir el uniforme militar y por haber representado al país en el extranjero (en varios pasajes de la entrevista se tocará la banderita uruguaya bordada en la manga derecha así como la escarapela de ONU, del lado izquierdo). “Ponemos el nombre del Uruguay sobre la mesa y somos distinguidos en foros internacionales, somos escuchados y tenidos en cuenta”, afirma con elocuencia.
Por otro lado, “salimos a ejercer nuestra vocación de servicio, con la oportunidad de trabajar. Hay un efecto inmediato de nuestro trabajo en la sociedad. Recibimos una retribución acorde al riesgo que asumimos lo que nos permite mejorar la atención de nuestras familias”. También señala que “nos sensibilizamos con situaciones totalmente diferentes a las que estamos acostumbrados”. “Vemos las garantías de que gozamos en nuestro país en cuanto a libertad de expresión, de relacionamiento, de atención y servicios. Volvemos orgullosos de lo que tenemos en nuestro país. Volvemos mejores seres humanos”, afirma.
Para Gentini “el hecho que seamos desplegados a trabajar por la paz no es un hecho menor pues nos pone a la altura de las naciones más importantes del mundo”. De esa forma, agrega, “llegamos al convencimiento de que estamos en condiciones de desempeñarnos a nivel de los mejores efectivos”. Habla con orgullo de la fuerza que le tocó comandar y resalta los valores del efectivo uruguayo en su desempeño en el exterior, a veces, afrontando situaciones difíciles o extremas.
“Por nuestra idiosincrasia y como uno más de la sociedad ese criollo desplegado ha logrado reducir los niveles de violencia y conseguir arribar a negociaciones, asistido por su peculiar forma de ser, que potencias más preparadas de pronto no lograron. Y esto habla muy bien de nuestro ser nacional”.
En cuanto a la situación en Haití, señala que “no existen riesgos de seguridad extremos”. No obstante, “sí ocurren manifestaciones de carácter explosivo que a veces llegan a desbordarse a las que debemos hacer frente y pacificar la zona”. Primero debe hacerse cargo el componente policial, lo primero es la autoridad local, hay una policía de UN que asesora, entrena y respalda. Y el tercer elemento que actúa es el componente militar como última expresión de orden”.
En apoyo a la comunidad civil, “normalmente se llevan adelante vigilancia de rutas, patrullas, controles que garantizan que la vida se desarrolle con normalidad porque desalientan a aquellos que pudieran cometer ilícitos”. El relacionamiento con la población civil es “sumamente afable” que existe la limitación del idioma. “Ellos hablan el creole -un dialecto derivado del francés- lo que constituye una gran barrera”.
La realidad de la sociedad haitiana es muy dura. Existe una pobreza que supera el 60%, el analfabetismo llega a casi el 50% de la población. “El terremoto de 2010 sensibilizó a la comunidad internacional y se han realizado grandes obras de infraestructura con lo que se donó, hay pocos puntos del país aislados, pero queda mucho por hacer.
Los servicios esenciales no están garantizados para toda la población, la cobertura sanitaria es defectuosa. El personal militar lo que hace en este sentido es facilitar que esa ayuda llegue a destino. Pero, queda mucho por hacer”. Una de las situaciones más dolorosas en Haití “fue la muerte de un integrante del batallón chileno en nuestra zona de acción en abril de 2015; se vio inmerso en una manifestación imprevista; uno de los manifestantes que robó un arma abrió fuego contra el vehículo de la ONU y mató al soldado chileno. Nos sorprendió a todos porque no era el padrón de conducta habitual, pero puso sobre la mesa los riesgos a los que estamos sometidos”.
Los vaivenes de la política en Haití, han implicado retrasos en el proceso de restauración de las instituciones y garantías de los derechos de los civiles, afirma Gentini. Pero recalca que “en los dos últimos actos eleccionarios -un tercero no se llevó a cabo- brindamos la seguridad necesaria con la mayor garantía posible”. “Las expectativas se ven postergadas y la ciudadanía sigue esperando por lo que habían acordado. Ahora está al frente del país un gobierno provisorio hasta fines de abril en que se cumpla la elección del nuevo mandatario”, señala.
Consultado sobre la incidencia del narcotráfico en Haití, dijo que “no hay un registro oficial” pero señaló que “el control de la frontera era muy laxo”. “No nos afectaba directamente a la misión, pero nos consta que sí había tráfico incluso hasta de armas. La rutinario era el alerta por delincuencia común, aunque eran evidente los lazos entre el poder político y determinado grupo de delincuentes. Nosotros constatamos el hecho y transferimos pruebas e información a las autoridades locales. Muchas veces la alteración del orden obedece a cuestiones políticas. Existen claros vínculos entre cúpulas políticas y grupos criminales”.
EL DATO
“Experiencia de larga data”
Recuerda Gentini que la participación de Uruguay en misiones de paz tiene larga data. “Podemos decir desde 1935 cuando algunos efectivos participaron en misiones puntuales en el Chaco Boreal (guerra entre Paraguay y Bolivia), y desde la década del 50 en adelante en forma ininterrumpida. A partir de la década del 90 las misiones de mantenimiento de la paz empiezan a ser más habituales y es cuando empezamos a desplegar contingentes”. “Me atrevo a decir que más del 60% de nuestros efectivos ha sido desplegado por lo menos una vez en su carrera. En este último contingente en Haití, el 70% habíamos desplegado dos o más veces, y el 30% restante era de personal relativamente nuevo -dos o tres años de servicio- que estaba haciendo su primera experiencia”.
“Combinados, no mezclados”
Sobre la fuerza combinada entre Uruguay y Perú destacó que en la convivencia “lo que sale a flote son más los elementos en común que las diferencias”, porque “al final del día nadie quería hacer a los uruguayos más peruanos ni los peruanos más uruguayos, sino que lo que tenemos que hacer es convivir más allá de las diferencias”. “También debemos reconocer la grandeza de una nación como Perú, que voluntariamente se presta a ser comandada por un comandante uruguayo para trabajar por la paz en forma conjunta. Para nosotros fue todo un reto estar a la altura de ese desafío, no defraudar y generar confianza”.
“El deporte fue un elemento que sirvió para limar ciertas rispideces o desconfianzas, con la integración mixta, pues había hombres y mujeres, se organizaron campeonatos de fútbol, de basquetbol, de vóley, de paleta. El batallón Uruguay-Perú fue reconocido por la Misión por haber logrado esa integración de dos pueblos en un grupo monolítico. Era una situación inédita”. “Naciones Unidas fomenta y ambiciona la creación de fuerzas multinacionales, unidades que logren operar en conjunto. Actuábamos en forma coordinada y combinada, pero no mezclada: las operaciones se establecían, se asignaban responsabilidad y se operaba por grupos orgánicos”.
“Una gota de agua en el mar”
Gentini destacó la ayuda que el componente militar brinda a la población civil muchas veces sin contar con los medios suficientes y a veces en forma voluntaria. En Haití, “solo el año pasado, se distribuyó más de un millón de litros de agua a orfanatos, hospitales, escuelas, y hasta la penitenciaría de la localidad cercana”. “Nuestro personal en forma voluntaria también realizó donaciones que se sustentaron con colectas internas entre los efectivos, por ejemplo, para la compra de útiles de estudios para alumnos de escuelas carenciadas.
En diciembre último se inauguró un salón de clase, que un maestro local de manera entusiasta trataba de levantar para unos 40 preescolares. Con algunas donaciones de un grupo de periodistas españoles, el batallón de Uruguay tomó la responsabilidad de su construcción. Nuestro personal, aparte de patrullar, realizar sus guardias y tareas, en horario libre, concurría a dicha localidad para colaborar en la construcción del salón.
Es muy poco, solo una gota de agua en el mar, pero de alguna manera demuestra la intención de aportar para paliar la situación que vive la población”.

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