Otra mirada a la historia de la deforestación y la tala de árboles en Haití

En 52 minutos exactos, la película documental del director Mario L. Delatour, “De Kiskeya a Haití, pero ¿dónde fueron los árboles?”, que se estrenó el pasado 22 de julio en el Hotel Montana, hace una incursión en el pasado y reconstruye, con una gran cantidad de imágenes conmovedoras del desmonte de nuestras colinas, la historia de una deforestación sistemática a beneficio de la producción colonial y del comercio de exportación de todo tipo de madera después de la independencia.

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El director Mario Delatour. Foto Francis Concite

Puerto Príncipe, Le Nouvelliste, 28 de julio de 2016 –  Actualmente, la madera aporta el 70% del consumo de energía del país.
Descapitalizado, empobrecido, el campesinado haitiano está tirado de cabeza a la producción de carbón vegetal que se revela, a través del tiempo, de bajo riesgo y relativamente rentable en las zonas secas. Mientras que el carbón es el combustible principal en las zonas urbanas, es con el campesino que se agarra, es la cabeza de turco. Facilmente se convierten al campesinado en responsable de la deforestación en el país.

Sin querer tomar partido, mucho menos rehabilitar al campesino haitiano, la película documental resitúa el papel del carbón en la deforestación. “Una visión histórica, con datos e investigada a fondo, que permite poner en perspectiva el lugar del campesinado haitiano en el proceso de deforestación y de reforestación de algunas zonas de Haití”, precisa el embajador suizo Jean-Luc Virchaux, en ocasión del estreno de la película.

La realidad descrita por el director en su película muestra que la tala de árboles comenzó a partir de la colonización. De hecho, la madera de Saint-Domingue sirvió ampliamente para amoblar los dormitorios y salones chics de Europa. Entre 1770 y 1804, 60.000 toneladas métricas de madera proveniente de la “Perla de las Antillas” fueron despachadas para el Viejo Continente.

Y el raid no ha parado, por lejos. Llanuras enteras han sido limpiadas, el narrador nos dice con su voz levantada, para dejar lugar al cultivo de la caña de azúcar, el café, el cacao. En el momento, Saint-Domingue produjo respectivamente 60% y 40% de la producción mundial de café y de azúcar. Resultado: 50.000 hectáreas de tierra desmontadas en 1800. Los colonos franceses también deforestaron las montañas para poner sus plantaciones de café.

Después de la independencia, durante todo el siglo XIX, la joven nación no cambió de paradigma. El corte de madera (palo de tinte, la caoba, guayacán) se intensificó a partir de 1825 para pagar a Francia la deuda de la independencia. Entre 1804 y 1915, Haití exportó 4,2 millones de toneladas métricas de madera. Durante 100 años, hasta 1930, la madera era el segundo o tercer producto de exportación haitiana. Consecuencia de esta escandalosa explotación: lignum vitae (guayacán), la madera más dura del mundo que sólo se encuentra en la cuenca del Caribe, aparece ahora en la categoría en vías de extinción.

Durante la ocupación de Estados Unidos, entre 1915 y 1934, los nuevos maestros del país no renunciaron a la explotación a ultranza de la madera. Vestigio del pasado colonial de Haití. El embajador suizo, Jean-Luc Virchaux, bien señaló que hubo aquí un acelerado proceso de destrucción de la cubierta forestal.

Durante este período, la exportación de madera alcanzó 800.000 toneladas métricas.
A partir de 1940, la explotación de los bosques de pino, una superficie de 60 km2, por la Sociedad haitiana-estadounidense de Desarrollo Agrícola (Shada), permitió el suministro de madera de pino para el mercado local y para el exterior. La dictadura de los Duvalier fue particularmente devastador para el pinar. Los secuaces de Duvalier pusieron las garras encima, lo vaciaron por completo, dándoles caza además a cualquier opositor.

En la actualidad, el bosque de pinos respira un poco a través de la ONG suiza Helvetas que intenta salvar lo que puede estar allí. En todo el país, entre 30 y 50 millones de árboles, lo que equivale a 4,3 millones de toneladas de madera, son consumidos anualmente. La producción de carbón vegetal y representa a 1,3 millones y los pequeños y medianos emprendimientos (PYME), panaderías, lavanderías, engullen los restantes 3 millones.

“El mal existe desde tiempos de la colonia, pero […] si no se hace nada, es la soberanía que se irá con todos los árboles de este país”, se inquieta el embajador, él mismo incluso agrónomo. Un poco antes del aplauso final, la película evoca algunas alternativas privadas para aliviar la presión sobre la madera, intervenciones ciudadanas en la dirección de la explotación sostenible de la producción perenne.

Sin embargo, sin una intervención ordenada de parte del Estado, una política forestal bien definida, Haití seguirá siendo durante mucho tiempo una tierra de reforestación virtual, una tierra de guardabosques sin sueldo, una tierra donde se matan a los árboles.

El documental se basa principalmente en las investigaciones del agrónomo Alex Bellande, compiladas en un libro de 300 páginas titulado “Haití deforestada, Paisajes remodelados”, realizadas sobre la explotación de los recursos naturales y forestales en Haití. Un libro, según el embajador Virchaux, que nos permite disponer de una vista panorámica inteligente de la problemática ambiental de Haití.
AUTOR
Patrick Saint-Pré
sppatrick@lenouvelliste.com

http://lenouvelliste.com/lenouvelliste/article/161503/Un-autre-regard-sur-lhistoire-de-la-deforestation-et-du-deboisement-en-Haiti#sthash.AcOtLTTh.dpuf

Traducción del francés Diálogo 2000-JS Argentina, por http://haitinominustah.info

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