Haití: Más allá de la crisis electoral, hay una crisis estructural para resolver

Lunes, 8 de febrero 2016, Por Nonais Derisier Saincelair*, Enviado a AlterPresse 7/2/16 –
 
He leído con interés el plan electoral propuesto por el Sr. André Joseph Lafontant, presentado a AlterPresse el 5 de febrero de 2016. Agradezco el compromiso cívico del Sr. Lafontant, un compromiso que sigo muy de cerca desde hace casi 25 años.
 
De hecho, yo lo miraba después de la efervescencia democrática de 1986 como un joven sindicalista que defendía los intereses de los profesores en la escuela del fallecido Lafontant Joseph, su padre, el  cual no solo fue un defensor de los derechos humanos, sino también patrono, dueño de la Escuela Ellioth Pierre.

 
También he seguido los compromisos del señor André Joseph Lafontant, como líder sindical y luego como un experto ciudadano en la descentralización y el desarrollo local. Él ha hecho una valiosa contribución en este campo.
 
Su última intervención, según las columnas de AlterPresse, ha sido en su participación de ciudadano activo y se interesó en la solución de crisis en su país.
 
Para el Sr. Lafontant, es totalmente improbable organizar las próximas campañas electorales en 45, 90 o 120 días, como “los políticos haitianos de todas las tendencias combinadas, adelantando los plazos más fantasiosos.”
 
Sobre la base de sus experiencias electorales, el Sr. Lafontant afirma que “buenas elecciones, capaces de volver a ganar la confianza de la población y superar al país de esta larga crisis, son posibles no antes de nueve meses a partir de la iniciación de un proceso serio y metódico”.
Yo dudo que podemos lograr “buenas elecciones”, como afirma el Sr. Lafontant, “capaces de volver a ganar la confianza de la población y superar el país de esta larga crisis”.
 
De hecho, ¿por qué hacer elecciones de forma precipitada, sabiendo muy bien que esto pueda conducir, tarde o temprano, en una crisis electoral, dado que los resultados, obviamente, serían cuestionados por los perdedores? Con esta transición que nunca termina, como dijo Pierre Raymond Dumas, las elecciones siempre terminan en sangre o en la crisis post-electoral. Las elecciones, organizadas en 9 meses, sin enterrar nuestros viejos demonios, enfrentarían el mismo destino que las anteriores.
 
Durante las dos últimas elecciones (las de Préval en 2006 y Martelly en 2011), el veredicto no fue de las urnas, sino de la calle y del internacional. Incluso en la actualidad, las fuerzas políticas no están preparadas para el proceso democrático. Sería necesario, en mi humilde opinión, un acuerdo, un pacto entre las fuerzas en conflicto.
 
¿Cuáles son estas fuerzas?
 
En primer lugar, hay los partidarios del poder antes de 1986 en nuevas formas.
Existen también aquellos que han estado en el poder durante la transición, que no supieron concluirla, comprometiendo el país en la estabilidad democrática, tal vez en una promesa de desarrollo. Ellos aspiran una vez más al poder.
 
La llamada oposición democrática, que se encuentra siempre ante la escena política durante los períodos de crisis, pero que nunca llega al poder porque esta se une para derrocar los poderes a la deriva, pero se queda atomizada al buscar el poder.
 
A la sombra de estas fuerzas, se encuentran los privilegiados, la mano invisible que maneja los hilos del poder. Por no mencionar un segmento de la comunidad internacional, que toma a los haitianos por menores y decide por ellos, como tutores de los niños que están bajo su supervisión.
 
Yo dudo mucho que puedan lograrse elecciones en un país minado, como un país en estado de guerra.
“Haití está situado en el mismo barco que países como Afganistán, Irak, Colombia, Corea del Norte, la Franja de Gaza …, países en guerra o de alto riesgo” (Le Matin,  02/12/11 http://www.lematinhaiti.com/contenu.phpidtexte = 27719) .
 
La crisis electoral es por lo tanto la parte visible del iceberg, el árbol que oculta el bosque.
De hecho, la tierra de Haití está minado en el plano político, económico, social y ambiental, y puede explotar en cualquier momento.
 
No se puede realizar elecciones, cuyos resultados serían aceptados, sin negociar un pacto con todas las fuerzas del país. Nos encontramos en una democracia pactada, según dijo el profesor Hancy Pierre.
 
Así que optemos por un pacto, un acuerdo nacional que no sea impuesto ni por la comunidad internacional ni por los privilegiados, sino negociado por todas los actores políticos, incluida la sociedad civil con la representación de las masas (los sindicatos, las organizaciones populares, las organizaciones campesinas, las asociaciones de mujeres, las cooperativas, las mutualidades, los excluidos y marginados “cuyos padres están todavía en África”, aquellos que están confinados en el país fuera.
 
Un pacto de 25 años, para compartir las responsabilidades, no el pastel, un pacto de estabilidad… 
 
La tierra también está minada en el plano económico.
 
La economía ha sido devastada por 30 años de inestabilidad política, que sucedían a 30 años de dictadura retrógrada. Haití no puede alimentar a sus hijos. Necesitamos un crecimiento de dos dígitos, superior a 10% al año, durante varios años, para cubrir nuestro déficit de bienes y servicios, atendiendo las necesidades de la población.
 
El crecimiento previsto en el 3,5% para el 2016, ya es demasiado pequeño y seguramente será revisado para reducirlo. Y con esta crisis electoral y el fin del mandato, será probablemente negativo.
 
Al negociar un pacto político por 25 años, es imprescindible también negociar un pacto económico. Es necesario elegir las mejores directrices de política para decidir la creación de empleo y riqueza, y poner fin gradualmente a nuestra dependencia económica y nuestra dependencia política: dos caras de la misma moneda. Por lo tanto, debemos negociar o pactar un plan nacional para el desarrollo económico inclusivo y sostenible.
 
Evidentemente, vamos necesitar enormes cantidades de dinero para financiar este pacto, para crear las infraestructuras de producción (carreteras, energía, industria, agricultura…), sino también de infraestructuras sociales (escuelas, hospitales…).
¿Cómo financiar este plan? ¿Tenemos que desarrollarlo sobre nuestros recursos naturales, si es que realmente existe? ¿O deberíamos negociar un Plan Marshall?
 
¿Debemos confiar en nuestros “amigos” tradicionales, o tenemos que mirar del lado de los BRICS (El nuevo banco de desarrollo establecido por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica)?
 
La tierra haitiana esta minada también en su plano social y ambiental.
 
En su estrategia de inclusión financiera, el Banco de la República de Haití (BRH) señala que la tasa media de crecimiento del producto interno bruto (PIB) fue de 0,9% a lo largo de los últimos 15 años, mientras que la población ha aumentado en promedio un 1,34% durante el mismo período y que la pobreza afecta a alrededor del 59% de los haitianos. Es particularmente alta en las zonas rurales, con el 75,21%, en que 38% de la población se considera extremadamente pobres.
 
Tres millones de personas se encuentran en inseguridad alimentaria, según las estimaciones de la Coordinación Nacional de Seguridad Alimentaria (CNSA). Y cerca de 600 mil a 1 millón de personas, distribuidas en 140 municipios se encuentran en alta inseguridad alimentaria (CNSA). La situación social es explosiva! Y está afilada en los últimos meses, con la sequía del año pasado y el aumento de la inflación.
 
Si no nos interesamos por la población, que ni siquiera tiene algo de comer, podemos esperar un efecto boomerang. Imaginen una revuelta de hambre durante el periodo electoral. La situación social podría, en cualquier momento, ser agravada por sorpresas ambientales.
 
Haití está, en efecto, expuesto a múltiples riesgos: inundaciones, sequías, terremotos, corrimientos de tierra, epidemias, etc.
 
Para tener buenas elecciones, es necesario pues crear las condiciones para poner fin, de una vez por todas, con las crisis electorales. Hay que resolver el problema del presupuesto de las elecciones.
¿Se puede tener elecciones creíbles con papeletas de votación, actas que toman días para llegar a Puerto Príncipe, con el riesgo de ser desviados o que deben ser asegurados por los tanques de las Naciones Unidas (ONU)? 
¿Por qué la sociedad no aprovecha de esta crisis para reconciliar la nación consigo misma, para refundar el Estado-nación, para convocar los Estados Generales de la nación, para organizar la conferencia nacional… para sentar las bases de la nueva Haití con un pacto de gobernabilidad, de modernización de la política, de inclusión económica y social, de la sustentabilidad ambiental?
 
Necesitaríamos más de nueve meses para lograr buenas elecciones, ya que más allá de la crisis electoral, hay una crisis estructural por resolver.
* Economista
Traducción del francés Jubileo Sur/Américas, por http://haitinominustah.info

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