El cólera enloda el papel de la ONU en Haití

haiti-colera-onuAriel B. Coya *

La Habana (PL) La evidencia de que los cascos azules desataron el cólera en Haití mantiene hoy a la Organización de Naciones Unidas (ONU) en una posición incómoda, muy similar a la de alguien que, después de adentrarse en un lodazal, no sabe cómo salir del atolladero. (PLRadio)

Para muchos analistas resulta irónico que, lejos de resolver una crisis, los portadores de ayuda humanitaria acabaran sumando una tragedia más al rosario de calamidades que afligen al país caribeño desde hace décadas.Pero más grave aún es que el organismo internacional -en teoría al servicio de la humanidad- intentó tapar durante años la realidad que venía denunciando la población haitiana desde el estallido de la epidemia en octubre de 2010.

Aunque la Misión de Estabilización de Naciones Unidas en Haití (Minustah, por sus siglas en francés) fue desplegada desde 2004, a raíz de la compleja situación que dejó el derrocamiento del expresidente Jean-Bertrand Aristide, el problema se inició entonces con el arribo de un nuevo contingente de soldados al llamado Campo Annapurna.

Según una investigación interna, esos militares recibieron entrenamiento en Nepal justo en medio de un estallido de cólera, por lo que destaparon el brote cuando las aguas residuales del campamento fueron vertidas con total negligencia en los canales haitianos.

Las aguas albañales de los cuarteles, sin tratamiento adecuado, se filtraron hacia un afluente del río Artibonite y contagiaron a familias de la población de Mirelabais, en el centro del país, propagándose rápidamente por todo el territorio.

LAS CONSECUENCIAS DEL DESASTRE

El impacto provocado desde entonces por el brote de la enfermedad difícilmente pudo ser peor para un país incapaz de hacer frente a una emergencia sanitaria tras las secuelas del terremoto que sufrió también en 2010.

Los últimos estudios sugieren que al menos 30 mil personas murieron de cólera en Haití y más de dos millones contrajeron la enfermedad, muy por encima de las estadísticas oficiales que contabilizan nueve mil 202 fallecimientos y 754 mil 735 personas afectadas.

Pese a que la ONU rechazó hasta hace muy poco todas las acusaciones en su contra, en un intento desesperado por mantener a salvo su reputación, las pruebas científicas no pudieron ser más concluyentes.

La cepa bacteriana detectada en Haití, donde no se registraba esa enfermedad en un siglo, era similar a la de Nepal, certificó un informe confidencial elaborado por Philip Alston, asesor especial de la ONU en materia de derechos humanos y pobreza extrema.

Ante la filtración de esa investigación en el diario The New York Times el pasado 19 de agosto, el organismo no tuvo más remedio que salir a decir algo y aceptar por primera vez de forma oficial sus errores.

‘A lo largo del año pasado, la ONU se ha convencido de que tiene que hacer mucho más acerca de su propia implicación en el estallido inicial y el sufrimiento de los afectados por el cólera’, admitió Farhan Haq, portavoz del secretario general, Ban Ki-moon.

Además, añadió que en los próximos dos meses ese organismo anunciará una ‘nueva respuesta’ para detener el cólera en Haití, aunque esa declaración no restaña el desastre ni garantiza una solución real al problema.

Sin ir más lejos, los donantes del programa 2013-2022 para erradicar la epidemia solo aportaron hasta ahora un 18 por ciento de los dos mil 100 millones de dólares necesarios y las condiciones en la nación caribeña siguen siendo precarias.

El 72 por ciento de la población haitiana carece de aseos y, según la propia ONU, poco más de la mitad tiene acceso al agua potable, por lo que las previsiones científicas continúan siendo alarmantes.

El epidemiólogo francés Renaud Piarroux advertía que de enero a junio de 2016 se reportaron más de 21 mil casos y 200 muertes de cólera, con la perspectiva de que una estación lluviosa prolongada pueda elevar esas cifras sensiblemente para finales de diciembre.

Por si fuera poco, la polémica continúa, pues la ONU aún enfrenta una demanda millonaria presentada desde 2011 por las familias de las víctimas de la epidemia, aunque la corte de apelaciones de Nueva York blindó legalmente al organismo, al otorgarle inmunidad ante reclamaciones de ese tipo.

Muchos analistas consideran, sin embrago, que el daño para la credibilidad general de la institución ya es irreparable y que un cambio de enfoque en sus políticas se impone, si no quiere quedar varada en una crisis, cuya salida nadie parece tener clara ahora mismo.

alb/abc

*Periodista de la Redacción de Centroamérica de Prensa Latina

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