LAS MOVILIZACIONES SOBRE EL SALARIO MÍNIMO

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Aunque el Gobierno aseguró que subirá el salario 55 centavos, trabajadores aseguran que el pasaje ya cuesta más que eso. | Foto: @InfoNodal

Puerto Príncipe, agosto 2017 – En esta nota, el sindicato Batay Ouvriye (Lucha Obrera) reflexiona sobre la lucha durante los últimos meses de las y los trabajadores terciarizados de la industria textil en Haití, por obtener un aumento del salario mínimo (de menos de USD5 por día a algo más que USD12) y otros beneficios sociales básicos.  Descargar aquí en castellano.  Télechargez ici en Français.  Download here in English.  

Recuperación y resistencia

En Haití, la política y la economía se degradan día a día: embrollo abyecto de las instancias del Estado que se contradicen todo el tiempo, trabándose inevitablemente en derivas insoportables, mientras que el pretendido « despegue económico » tan anunciado se sigue haciendo esperar, y el pueblo, en el marco de una miseria inimaginable, sufre una indigencia sostenida. Esta situación no hace más que envenenar las relaciones sociales ya fuertemente antagónicas.

Para remediarlo, las clases dominantes, apoyadas por el Estado cada vez más reaccionario, implementan un mecanismo bien conocido: la mistificación. Aparte del espectáculo maloliente de las fiestas multiplicadas, la recuperación, su arma predilecta. De esta forma las principales fechas de la resistencia popular se han visto transformadas en manifestaciones interclasistas.  Y las conmemoraciones del 8 de marzo y del 1° de mayo, en vez de evocar la resistencia de mujeres obreras quemadas vivas en su lugar de trabajo o la intrépida y valiente lucha obrera por las ocho horas diarias de trabajo, asistimos estúpidamente a marchas de mujeres proletarias invitadas a caminar junto a pequeñas burguesas acomodadas y sonrientes, cuando no a grandes burguesas bien vestidas, por un « feminismo » contranatura. O sino a la demostración de ricas ferias agrícolas del capital agro-industrial o de un artesanado alienado y sumiso, magnificando el «trabajo bien hecho» del obrero dócil y la agricultura del «terruño».

Cada año que pasa, sin embargo, el pueblo es menos ingenuo, y los obreros mucho más. A Batay Ouvriye, le corresponde la tarea de reforzar ese rechazo de participación junto a los verdugos, el rechazo a la «recuperación», para develar la verdad histórica y conducir una movilización, de verdad liberadora. No es por casualidad que los primeros gritos de los obreros se hacen oír en general en esos momentos de cristalización de las luchas sociales. Lo mismo sucedió en 2017.

Nuevas imposiciones y aumento del precio de la gasolina / Concientización, organización y primeras movilizaciones…

En el marco pues del apriete creciente de la miseria aterradora que nos rodea y a partir del rechazo cada vez más conciente de la mistificación dominante, luego del 8 de marzo, los representantes del Estado no encontraron nada mejor que adelantar cobros fiscales que dormían y, peor aún, ¡elevar el precio de la gasolina! ¿Cómo? ¿Agregar impuestos a nuestros sueldos ya tuberculosos? ¿Aumentar el precio de la gasolina, por lo tanto, el del transporte, pero también el de las mercancías, los medicamentos, sin contar la inflación galopante que nos despojará más de los alquileres, de la escolaridad, de la vestimenta?

Así, al salir de una jornada de trabajo demoledora, las obreras y obreros de la zona franca de Codevi, en el Nordeste del país, se embarcaron en una movilización monstruo en señal de protesta. Era necesario, sin embargo, superar rápidamente el carácter espontáneo de esta manifestación. El nivel de conciencia alcanzado a partir del rechazo de la mistificación del 8 de marzo, permitía avanzar dando un salto al de una movilización concientemente asumida, organizada, planificada. El rol de los principales militantes de Batay Ouvriye en ese momento, fue crucial. Multiplicar las reuniones sectoriales de las diferentes fábricas, y aquellas de la zona franca entera; motivar para ello a los responsables de sección; tomar contacto con los camaradas de la zona franca de Caracol, en el Nordeste y movilizarlos igualmente; llegar a organizar encuentros Plasit-BO (Plataforma de los sindicatos de las fábricas textiles, en créole- Batay Ouvriye) en donde nuestros camaradas de Puerto Príncipe participaban igualmente de la partida.

Pero además conectarse con los medios, todos los medios, sumar a los principales aliados, tanto entre los campesinos como entre los estudiantes, barrios populares u organizaciones progresistas; en las ciudades como en la campaña; nacional como internacionalmente; y sobretodo, convencer, directamente a la masa obrera con reuniones diarias a la salida de las fábricas, en el interior de las fábricas, con volantes, periódicos, comunicaciones a través de las redes sociales… Basándonos en la incapacidad crónica del Estado que no brinda ningún servicio a la población desfavorecida, surgió una primera consigna : « ¡NO HAY SERVICIO, NO HAY IMPUESTO! ». La batalla se había largado.

Salario y bloqueo sistemático de cualquier ajuste

Uno de los artículos del Código del Trabajo haitiano, el 137, estipula que un ajuste salarial debe tener lugar cada vez que la inflación supera el 10% al año. Pero, en el cuadro de esta dominación sin contraparte que la burguesía de la tercerización y la maquila nos impone, este artículo no es para nada respetado. Llega a suceder que, durante más de 5 a 6 años, este ajuste no tuvo lugar a pesar de una inflación cada vez más galopante que alcanza a veces el 100%! 5 a 6 años, pero más recientemente, hasta 11 años! Esto nos permite constatar el déficit de ajuste de salario que enfrenta la clase obrera en su conjunto, además de los trabajadores en general.

Desde hace alrededor de dos décadas, uno de nuestros principales ejes de acción a nivel de la lucha frente a este Estado indigente es de forzarlos a reconocer esta inhumana exageración y forzarlos a implementar una comisión responsable de este ajuste periódico. En 2009, luego de memorables movilizaciones de masas de la clase obrera, el Estado cedió. El principio institucional fue aceptado: el Consejo Superior del Salario (CSS), fue instrumentado. Compuesto por tres representantes de la burguesía, del gobierno y de los trabajadores, se suponía que anualmente se debía resolver esta cuestión.

¡Dios nos guarde! De creer que en una dictadura burguesa tan dura y declarada, como es el caso en Haití, los trabajadores hubieran podido, institucionalmente, además, imponer una situación tal. En realidad, visto el acompañamiento ciego que los representantes del Estado tienen de la burguesía dirigente, el CSS se vuelca siempre del lado de los poderosos, minimizando en cada oportunidad el lógico ajuste de rigor (este es por supuesto calculable). Peor, después de luchas feroces que, ante el bloqueo entonces institucionalizado, tuvieron lugar en el año 2013, el CSS simplemente no se reunía más, evitando e imposibilitando cualquier ajuste.

Las movilizaciones del año 2017

¡Cuatro años! Otra vez. Fuertes entonces de la conciencia adquirida desde el 8 de marzo y de las primeras movilizaciones en la Codevi, el PRIMERO DE MAYO de este año 2017 fue extraordinario. No solo por el número de participantes, sino más bien porque a partir de estos camaradas, los más concientes y combativos, que, en esta fecha obrera, si las hay, enfrentaban de manera organizada al intento de recuperación del día y se movilizaban para levantar las reivindicaciones que más llegan al corazón de la clase obrera: el salario, su principal fuente de vida, congelado.

Mayo, junio, julio… la militancia de los responsables de Batay Ouvrye así como los de diferentes sectores de las fábricas se mostró nuevamente fundamental. Volantes, concientización directa, reuniones, llamados a la organización, debates, contradicciones presentadas, discutidas, resueltas…se propagaron por todo el territorio de las maquilas. De la Codevi al sindicato de Caracol, pasando el relevo a nuestra coordinación nacional Plasit-BO, incluyendo así al Sindicato de los Obreros Textiles y de la Vestimenta-Batay Ouvriye de Puerto Príncipe (Sota-BO) en unidad de acción con otras dos centrales, la Cnoha y la Grostra-Ctsp, para una movilización clasista. De los 300 gourdes de entonces, los camaradas unánimemente exigían 800 gourdes. Esto no solamente por la congelación de los últimos 4 años; sino teniendo en cuenta el enorme déficit de ajustes que llevamos de décadas; y además el aumento sustancial del costo de vida, impuesto ya fuera por el Estado o por la inflación.

¡Había que ver! La determinación, el compromiso, el furor casi, de millares y millares y millares de obreros menospreciados, de obreras fatigadas, porque a menudo se encuentran solas en hogares monoparentales, situación corriente en Haití. Dejando valientemente las fábricas en donde unos patrones anticuados y superados por el momento intentaban mantenerlos encerrados. Día tras día. Corriendo, gritando, aullando en las calles, en los micrófonos de los canales de televisión o en las principales radios del país. Comunicando su hartazgo, conmoviendo a los transeúntes, vendedoras al paso, vendedores ambulantes, artesanos, escolares, estudiantes y desocupados con los que se cruzaban.

Saliendo del principal parque industrial, la Sonapi, para recorrer la avenida clave de las fábricas exteriores, reuniéndose todos en el gran cruce lindero con el siguiente barrio popular, el Bel-Air, guardián de sus tradiciones de lucha históricas. Ahí, en las callejuelas estrechas, aptas para la fusión orgánica del pueblo, los manifestantes se impregnaban de un aliento fraterno, mientras que a ese territorio de conquista le inculcaban la seriedad de la acción, la masa uniforme del interés de clase, la violencia de saberse justos, el ser sensibles al estar juntos, fundamental, en nuestro campo, la alegría de sublevarse colectivamente contra la opresión: ¡la vida! «¡Nosotros los apoyamos, los apoyamos cien por ciento!» «¡Coraje!» «¡Arriba, arriba, venceremos!» eran palabras que nos acompañaban durante esa travesía de tierras unidas. Banderas, banderolas, pancartas y distribución de volantes se deslizaban en esos laberintos familiares y aportaban la orientación, la dirección de la clase obrera autónoma, movilizada. Algunas de nuestras intervenciones escritas mencionaban inclusive la urgencia de una alianza en el seno del campo del pueblo, a partir de esta dirección obrera consciente, ante el principal enemigo de clase detectado para esta lucha: la burguesía.

El principal destino a donde llevar nuestras voces se encontraba en el ministerio de Asuntos Sociales y de Trabajo en donde un perro guardián particularmente hostil impedía cualquier comunicación gracias a su espontánea, vacua y estentórea arrogancia. Pero también al Parlamento, en donde algunos debates iban a tener lugar a propósito de este asunto. Ninguna de estas entidades nos tomó en serio. O, al menos, la agenda opuesta que les exigían sus patrones de la burguesía no les dejaba oportunidad de comprender, aunque fuera mínimamente, la lógica popular. Bloqueados no obstante por la presencia de la opinión pública nacional e internacional -las denuncias llegaban de todas partes, en una cantidad que avecinaba el oprobio- debieron nuevamente darle vueltas al asunto y, a cada vez, manifestarnos su «consideración», su «interés de ayudarnos», su «patriotismo» (sic)… Laberinto de engaños, nunca ninguna de sus garantías resultó ser real. En el Parlamento, salvo algunas raras excepciones (cuya participación no obstante significó cierto aporte), el resto de esos funcionarios al servicio del capital no fue rozado por duda alguna: las inversiones deben ser «protegidas» como sea. Punto y aparte.

Tres semanas de motivación, de paro de trabajo, en el propio interior de la fábrica o en las calles, de movilización, de manifestación, de defensa sedienta de la lógica de sus derechos, de sacrificios importantes (los camaradas no reciben sueldo durante ese tiempo de lucha)… Y las instituciones del Estado que no dicen palabra, y el CSS que no avanza, so pretexto de «fin de mandato» … Anuncio trágico del fin de una epopeya.

¡La represión en todas sus formas!

A lo largo de este combate, los burgueses intentaron defender su posición: «…No es posible otorgar el más mínimo ajuste de salario, ¡si no esta industria quebrará»!… ¡Luego de cuatro años de ganancias netas sin ningún retiro! ¡Por encima del Código de Trabajo! Es normal: este tipo de sanguinarios no tiene moral alguna y la sacrosanta «competitividad» no admite desvíos. A la falsedad de sus argumentos, oponemos los nuestros sobre la canasta familiar, el criminal déficit de ajuste, la inflación galopante, el abismo que se abre ante nosotros… Ningún efecto. Pero sin poder afrontar la movilización cada vez más poderosa, ante la lógica de nuestros argumentos que se oponía a sus mentiras y ante la lluvia de reproches que se les hacía desde el mundo entero, recurrieron a lo que está en la propia naturaleza de su dictadura: la represión.

Esta tomó formas diversas. A partir de la movilización del Primero de Mayo, para comenzar, la policía había bloqueado la marcha de los camaradas, impidiéndoles que llegaran a la plaza central, el Champ de Mars, en donde tenía lugar, la mistificación manda, ¡una feria agroindustrial! Más tarde, en la segunda semana de lucha frontal del mes de junio, la policía bloqueó directamente cualquier manifestación. A la salida de las fábricas, cordones patibularios de policías armados hasta los dientes bombardeaban los agrupamientos de personas con gases lacrimógenos, luego con cachiporrazos asestados inclusive a mujeres embarazadas, luego con balas de goma, luego con balas reales,

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Los trabajadores en huelga del parque industrial SONAPI, en la capital haitiana de Puerto Príncipe, son bloqueados por la policía mientras marchan hacia el aeropuerto Toussaint Louverture. Exigen que el salario mínimo sea más que duplicado. (Red de Respuesta Rápida)

produciendo heridos, arrestos arbitrarios, persecuciones hasta los domicilios de nuestros camaradas, desorientados. El furor reaccionario tomaba a su vez las calles, vengativo. Las denuncias, de parte nuestra o de otros progresistas involucrados, no tenían efecto alguno: era necesario detener, destruir a cualquier precio este levantamiento peligroso de obreros cada vez más motivados, cada vez más conscientes. Esta policía reclutada, armada y entrenada por los representantes imperialista de la MINUSTAH para defender estrictamente los intereses capitalistas en estas tierras conquistadas, solo hacía su trabajo. Todavía mejor, cuando los obreros y obreras, no pudiendo salir de las fábricas, optaron por cruzar los brazos y suspender el trabajo, esos traidores a la nación penetraban en los locales para intentar forzarlos a trabajar. Huelga decir el barullo que se producía entonces. Sin embargo es importante denunciar las múltiples golpizas in situ, los arrestos, en los que la vejación de las personas se volvía cosa corriente: gritando su odio y su desaliento, mujeres semidesnudas a las que les habían arrancado las vestimentas salían de las fábricas… Día tras día esas confrontaciones se repetían. Día tras día nuestros camaradas se reunían para mejor enfrentarlas. Toda la atmósfera del territorio de la tercerización estaba en llamas.

Pero la represión se expresaba también de otra manera, más intensa a largo plazo: las revocaciones. En efecto, una vez vueltos al trabajo, la mayoría de los camaradas más conscientes y comprometidos no pudo volver a sus puestos en la fábrica: una discriminación sistemática tenía lugar, en todos los lugares en que los principales combatientes habían sido fichados. Sin ninguna justificación legal consistente, los burgueses recurrían a su dictadura política para ejercer una represión suplementaria en el plano de las relaciones capital/trabajo.

Más pragmática pero no menos cruel: la sentencia del ejecutivo. Comenzando por nombrar él mismo un CSS falso (siendo que cada entidad debe proponer sus representantes), el gobierno ejecutó un conjunto de piruetas; a un ajuste ridículo del CSS, 335 gourdes en lugar de las 800 gourdes exigidas por los obreros, el ejecutivo se resignó a agregar 15 gourdes más; luego de tantas batallas furiosas, esos gourdes rigen hoy, en un mínimo bajísimo, las nuevas relaciones de explotación.

El cansancio

¡Hubiera sido necesario sublevarse de nuevo, romper todas las barreras, oponerse, explotar! Pero el cansancio de los hogares, los llantos de los niños durante la noche, con el estómago vacío, pudieron más que la valentía, los gritos, la rabia… Los burgueses, esas bestias que acechan, depredadores de sangre en un país sin salida, de nuevo atacaban: sanciones, tarifas más altas, dominación general acrecentada… Fortalecidos con el apoyo incondicional de un mistificador Estado que tienen a sus órdenes y, como ratas, lo roen. La prensa es benevolente, al tratar como hombres a estas bestias que en realidad son los verdugos de la especie humana que mundialmente intenta renovarse y, más cerca de nosotros, son los verdugos de una nación que todavía no se encontró a sí misma.

Pero cada día es un día nuevo. En este sentido, afortunadamente, ¡la batalla no hizo más que empezar!

 

BATAY OUVRIYE,  agosto de 2017

<batay@batayouvriye.org>

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