Haití: ¿en qué terreno va la lucha?

logo APRNB. Si bien este texto fue escrito hace ya 6 semanas, antes del inicio del último período de fuerte movilización popular, se entiende que el análisis ofrecido mantiene toda su vigencia.

Puerto Príncipe, 28 de agosto de 2019, Por Marc-Arthur Fils-Aimé*

La lucha para derrocar a la camarilla corrupta y criminal del Partido Haitiano Tèt Kale (PHTK), dirigido por Jovenel Moïse desde hace más de dos años, se ha desarrollado desde febrero de este año en dos frentes. Uno en la calle y el otro por motivos legales e institucionales, llevados por un grupo minoritario de diputados que se declaran abiertamente en la oposición. Esta nueva demanda refuerza las primeras acusaciones en su contra por malversación de fondos de Petro-Caribe y lavado de grandes sumas de dinero. El presidente Jovenel Moïse se encuentra literalmente atrapado entre el estado mayor de su partido político dominado por su gurú, el ex presidente Michel Martelly, la clase política tradicional, a pesar de su timidez debido a su debilidad estructural e ideológica, y el movimiento popular, realmente huérfano de una dirección con la capacidad de guiarlo por el camino deseado: la dimisión del Presidente de la República y la ridiculización del PHTK, que son pasos importantes hacia los juicios de Petro-Caribe y Dermalog y la erradicación de este sistema político anticuado, que tiene más de 200 años.

La resistencia de Jovenel Moïse hasta ahora depende del apoyo condicional de la comunidad internacional alineada con el del Presidente Trump. Por casualidad, comparte la misma visión de extrema derecha que el multimillonario estadounidense, aunque hay una gran diferencia en este punto entre ellos. Trump, como todo extremista de derecha, es chauvinista, patriotero, mientras que Moïse nunca ha mostrado ninguna preocupación nacionalista. Como cualquier esquizofrénico, el hombre bananero es autista y sólo se mira a sí mismo a través de su poder. Estos dos indicadores nos ayudan a entender su impactante reversa anti-Maduro. El voto en contra del presidente venezolano legítimamente elegido no le habría bastado para beneficiarse del apoyo del líder del imperialismo sin esta afinidad ideológica.

¿Ha cambiado de táctica la lucha?

Las dos últimas grandes ofensivas que bloquearon el país fueron durante unos diez días en febrero y de nuevo a principios de junio. Desde entonces, todos los intentos de fuerte movilización de la oposición tradicional han fracasado. ¿Podría esta aparente inmovilidad deberse a una cierta fatiga, a un cierto desánimo de las masas populares, que son realmente las principales fuerzas motrices, dotadas de la capacidad de ocupar las calles, las rutas nacionales y los senderos? ¿Es la expresión de una mirada dudosa hacia la clase política tradicional que, en cada gran momento de la lucha, tiende a recuperarla? ¿Se debe al chisporroteo de los petrochallengers bajo la influencia de diversas corrientes políticas e ideológicas?

De esta lectura se desprende una cierta tendencia a decir que el Presidente ha salido fortalecido de esta situación, que cada vez es más clara. Significa no creer en la inteligencia de las masas populares. El movimiento de las calles sólo ha tomado otra forma. No cayó en un sueño profundo en absoluto. Consciente o inconscientemente, la lucha está experimentando un cambio de táctica. No pasa un solo día sin que se produzcan protestas antigubernamentales reforzadas por la quema de barricadas en una u otra región del país. Parece una guerra de guerrillas semiviolenta y semipacífica, ya que las protestas abarcan varias demandas sobre las que el gobierno no tiene control para responder. La propaganda oficial transmitida por ciertas corrientes mediáticas que sugieren que las movilizaciones populares son responsables de escupir los males a los que se enfrenta el país no ha ablandado el fervor de las masas. Estamos en un ciclo de movilizaciones desde el 6, 7 y 8 de julio de 2018, lo que ha conducido a ciertos resultados que deben ser destacados con tinta fuerte. Mencionemos algunos de los más espectaculares. Estos movimientos obligaron a este régimen depredador, a pesar de su palabrería, a no subir los precios de la gasolina a pesar de la presión del Fondo Monetario Internacional y a no poder beneficiarse durante todo un año fiscal de un nuevo presupuesto que el pueblo ha denunciado como criminal. Precipitaron la caída de dos gobiernos en cuestión de meses y atraparon al presidente Jovenel revelando su desdén por la constitución con dos gobiernos paralelos. El bloqueo de dos objetivos estratégicos de PHTK: el cambio de la carta fundamental y la celebración de elecciones parlamentarias y locales para el año 2019 con el actual Consejo Electoral Provisional (CEP) son algunos de los logros populares.

Veamos algunas de estas demandas entre muchas otras: empleados que exigen meses o incluso años de atrasos salariales; residentes que esperan que se construya o repare una ruta; la nación que exige el cumplimiento de la promesa del presidente de 24 horas de electricidad por día que proclamó después de su controvertida elección. El pico es la velocidad a la que han aumentado la inseguridad y el alto coste de la vida, con el aumento casi diario de los precios de venta de los productos de primera necesidad, en particular de los alimentos. En su último informe, la FAO menciona los problemas del aumento del hambre. Durante más de una semana, la inestabilidad en el suministro de combustible ha resurgido y ha ampliado la lista de insatisfacciones y de manifestaciones antigubernamentales. Y en segundo plano, la cuestión de la corrupción cuando no está en primera línea de estas manifestaciones.

Todos estos levantamientos, a pesar de su aislamiento, no pueden dejar de crear múltiples dilemas no sólo para Jovenel Moïse a pesar de su cinismo, insolencia y desprecio por las masas, sino también para toda el aparato de PHTK que acaricia la esperanza de perpetuar el régimen. La presencia de dos primeros ministros al frente de dos gobiernos paralelos ayuda a demostrar la incapacidad política del Jefe de Estado y sobre todo su insolencia hacia la Nación.

Es por eso que en estos días, entre sus admiradores más entusiastas, sus affidados y sus especuladores hay deserciones oportunistas a lo Lambert. Esperan enturbiar las aguas para representarse en las próximas elecciones bajo una imagen diferente para recuperar el status quo, para anticiparse a la procesión y seguir ordeñando a la vaca pública. La socialdemocracia, que desde hace tiempo se ha convertido en el principal vector del neoliberalismo, se ha precipitado hacia la derecha tradicional. Esta fusión es incapaz de agarrar el poste estirado por sus correligionarios enemigos.

Debilidades estructurales de la derecha tradicional

La oposición de la derecha tradicional adolece de dos grandes debilidades estructurales. Por un lado, la ambición desenfrenada del poder de sus principales partidarios les impide alcanzar un plan común para obligar al Jefe de Estado a dimitir de su cargo. Hace tantas propuestas para “salir de la crisis” que es difícil distinguirlas entre sí. Ninguna de estas propuestas incluye un programa sociopolítico y económico que demuestre que el país está listo para tomar un nuevo tren. En cambio, las disputas giran en torno a qué instituciones son capaces de sustituir a la presidencia. Por lo tanto, si en la forma parecen diferentes, en el fondo todos se ven iguales. Por otro lado, pretenden llegar al Palacio Nacional con la bendición extranjera. La confianza de la gente en ellos se está erosionando constantemente. Envían consignas dispersas, porque cada uno busca no sólo su propia visibilidad, sino sobre todo su propia personalidad para imponerse a la comunidad internacional. Se equivocan de buena o mala fe al confiar en la ilusión de una legitimidad de esta llamada comunidad, que es el nuevo eufemismo del imperialismo estadounidense. La fachada de las grandes decisiones que este último afirma estar tomando no puede ocultar en modo alguno el poder de los talones del águila del Norte, que hoy, con el descarado Donald Trump, ha abandonado todas sus reservas. La última palabra la tiene él.

Esta gente obsesionada por el poder no cree realmente en la fuerza de las masas populares. Pretenden usarla para tratar de persuadir a la Casa Blanca de su capacidad para resolver los problemas de la república burguesa, excluir a estas masas y domar cualquier deseo revolucionario. Es por eso que nunca querrían que la solución final viniera de ellas. Esto sería un mal presagio para ellos y para las clases dominantes aquí y en otras partes.

La probada ambición del poder y la columna vertebral doblada frente al imperialismo resumen las dos mayores debilidades de estos eternos y potenciales candidatos presidenciales. No han aprendido la lección de que la respuesta internacional, en concierto con sus cómplices y seguidores locales, siempre cambia su alternativa en una dirección y un espacio predeterminados. La reacción no se aventura en lo desconocido a menos que sea forzada por un poder popular a jugar todas sus cartas.

¿Salió ileso el poder?

Si resulta difícil alcanzar el nivel de bloqueo, desde el “cerrojo” del pasado mes de febrero y junio. El gobierno, por otro lado, tampoco es capaz de desbloquear el país. Por el contrario, la situación no deja de empeorar. Cada vez es más complicado para los poderes ejecutivo y legislativo. La mayoría de las dos cámaras legislativas se va debilitando poco a poco a la espera del próximo flujo de abandonos por la actitud de esperar a ver qué pasa.

Los diputados se dan vuelta como invertebrados para ofrecer a las fuerzas ocultas, a través del Presidente de la República, que es el único recurso constitucional en esta materia, un Primer Ministro cuyos expedientes han estado languideciendo durante varias semanas en los cajones de los diputados. La popularidad del presidente ha caído a su nivel más bajo. Es interrumpido incluso durante el paso de su procesión, compuesta por una flota de vehículos muy caros que rozan la indecencia. Nunca antes un presidente ha sido tan vilipendiado, ha perdido la confianza de la mayoría de la población hasta tal punto de no recibir ningún respeto en la opinión pública. El gabinete ministerial que propuso a la nación para mitigar la crisis es criticado porque, a los ojos de muchos, no está compuesto por personalidades conocidas y creíbles. El gobierno ha perdido el control de las pandillas que ahora operan con sus caras descubiertas en varios rincones del país. Así perdió la ventaja que buscaba con la llegada de bandidos fuertemente armados. Si bien es cierto que la audacia de los bandidos frustra en cierta medida la participación de los barrios abandonados en las manifestaciones contra Jovenel, también es cierto que devuelve a los escépticos al campo de la oposición porque estamos cada vez más convencidos del papel progubernamental en la creación y protección de algunas de las bandas más poderosas.

Para utilizar la tenacidad al poder, bajo la influencia, ciertamente, de la camarilla de PHTK, unos quince diputados no están satisfechos con los movimientos callejeros. Se empeñan en el terreno jurídico e institucional a llevar al Presidente Moïse ante el Tribunal Superior de Justicia. Refuerzan la oposición del grupo de senadores antiJovenel convencidos.

¿Debería combinarse el movimiento popular callejero con la forma legal de lucha?

Un grupo minoritario de miembros del parlamento, que nunca ha perdido el valor, ha llevado la lucha al campo legal e institucional. Le pidieron a la Cámara de Diputados, cuyo mandato de legislar se había convertido en una caja de corrupción, que acusara al Presidente Jovenel. Acusaron a esta última de múltiples violaciones de la Constitución. Nadie esperaba que el presidente fuera demandado hasta los huesos por parlamentarios corruptos. Sin embargo, ideológica y políticamente, esta iniciativa no puede calificarse de fracaso si se asimila al método guerrillero que se ha establecido en la lucha contra Jovenel. Ha iluminado aún más la naturaleza mafiosa del régimen, ha frustrado o retrasado el plan del equipo de gobierno, ha aumentado la desconfianza popular hacia el jefe de Estado y ha empujado a la comunidad internacional en su terquedad para proteger a sus ovejas negras.

El movimiento popular acéfalo, hasta el día de hoy, tampoco ha logrado construir un vanguardismo en esta fase pre insurreccional de la lucha.

Obviamente, el campo progresista no tiene el peso necesario para aprovechar esta oportunidad ante la Cámara de Diputados para intensificar la presión y federar todas las actividades anti-PHTK. La iniciativa del grupo minoritario de diputados parece ser un acontecimiento en sí mismo que no forma parte del movimiento en su conjunto. La oposición tradicional se pierde en el “quítate de mi camino”. La izquierda revolucionaria no está todavía en la fase de activar el sensato consejo de Lenin: “El Partido es la fusión del socialismo científico con el movimiento espontáneo de las masas”. Las masas están en la calle. Están evolucionando indiscriminadamente, lo que abre todas las brechas al imperialismo para arrebatarnos nuestra soberanía.

* Director General del Instituto Cultural Karl Lévêque. Enviado a AlterPresse como texto de debate.

https://www.alterpresse.org/spip.php?article24725#.XaSHmS2b5E4Texto recibido de su autor.

Traducción del francés Diálogo 2000, para haitinominustah.info

 

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