La deuda que tenemos los pueblos del mundo con Haití

A continuación, reproducimos la intervención que preparó Robert Sae, de Martinica, para la II Conferencia Internacional virtual de Solidaridad con Haití. Por problemas técnicos, no se pudo difundir en directo.

Nos sentimos honrados de poder manifestar nuestra solidaridad con el pueblo haitiano a través de esta videoconferencia, porque estamos profundamente convencidos de que todos los pueblos del mundo tienen una deuda con Haití, no sólo porque fue el primer país que dio origen a una República Negra, sino especialmente porque la Revolución Haitiana de 1804 fue la primera portadora de un humanismo consecuente y verdaderamente universalista.

Pensamos en la acogida de los perseguidos del mundo, en el apoyo a las revoluciones de la región, en el barco de soldados enviado a Martinica para liberar a nuestros antepasados esclavizados (que desgraciadamente fue hundido por los españoles), etc.

Es la naturaleza de la revolución haitiana la que explica la implacabilidad de los imperialistas occidentales en su deseo de destruir ese país. Los supremacistas blancos nunca han digerido la derrota que les infligieron los esclavos negros. Pero por otro lado, hay una voluntad de matar, lo que fue un modelo y podría volver a serlo deshaciéndose de las mortíferas injerencias imperialistas. Es un símbolo que quieren matar.
(Paralelo a la implacabilidad contra CUBA)

Nuestro deber de solidaridad internacionalista nos obliga a de construir la visión demonizada que propagan de Haití y de su Pueblo.


En efecto, es Hollywood quien ha orquestado la demonización del vudú. 


Son todos sus medios de comunicación los que han conspirado para que Haití y Tontons Macoutes sean sinónimos. Fingiendo no saber que los Tontons Macoutes sólo pudieron operar gracias al apoyo que los imperialistas dieron a la dictadura de Duvalier.


El Haití que presentan es sólo corrupción y violencia de las bandas. Como si no supieran que estas lacras son consecuencia directa de la connivencia entre los imperialistas occidentales y las clases dominantes haitianas y de la pobreza que fomentan juntos. 

Cuando sus medios de comunicación hablan de las manifestaciones populares en Haití, sus comentarios partidistas, acompañados de imágenes de caos, ignoran el inmenso trabajo realizado por las organizaciones populares de masas (SOFA, Papda, etc.).

De lo que tampoco se habla es del duro trabajo que caracteriza a los trabajadores haitianos que son sobreexplotados por sus empresas dentro y fuera del país. 
(Hay que preguntarse cómo sería el turismo en Miami sin los trabajadores haitianos).

Tanto en su país como en las demás colonias francesas, se esgrime a Haití como un gran repelente: ¡la miseria, la pobreza y la violencia en Haití se deberían exclusivamente a su “independencia”! ¡ Pueden medir el cinismo de esta propaganda!

Pues bien, debemos movilizarnos para que el mundo entero conozca la otra realidad, que es la de un pueblo que encarna el valor y la resiliencia. Como dijo Hugo Chávez, ¡un país en el que viven ángeles negros en medio de un infierno!

Porque, para emanciparse, todos los pueblos deben inspirarse en la capacidad de resistencia del pueblo haitiano en el plano cultural: miren cómo florecen su literatura, su pintura, su música (¡los haitianos no se imaginan cuántas parejas se han creado en Martinica después de bailar en sus compases!).


También tenemos que aprender del genio del pueblo haitiano para responder a las posibilidades de vivir en condiciones extremas o después de las catástrofes (especialmente en técnicas de agricultura sostenible). 

En el contexto actual, los hermanos haitianos son un vector de unidad caribeña (su circulación en la región, su multilingüismo y su contribución al comercio entre las capas populares). Son los que vistieron a las poblaciones rurales de Martinica hasta 1974.


Por último, el pueblo haitiano debe ser una fuente de inspiración para nosotros por su capacidad de mantener su dignidad a pesar de todas las dificultades y discriminaciones que pueda sufrir. (El arraigo a su cultura y el conocimiento de su historia deben servirnos de ejemplo).

En conclusión, nuestra solidaridad debe manifestarse a través de una acción continua dentro de nuestros pueblos para luchar contra la ignorancia y la alienación, para combatir las divisiones sembradas por nuestros enemigos comunes, para promover la información alternativa y para construir la convergencia de nuestras luchas.

Robert Sae
Martinica

Videoconferencia de solidaridad con Haití, 18 de marzo de 2021

Ici l’original en français

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