La marcha forzada de Jovenel Moïse o la estrategia de la tierra arrasada

Por Claude Moïse, Le National, Puerto Príncipe, 1 de junio de 2021

Los pasos dados por el presidente de Haití para elaborar una nueva constitución marcan un resultado calamitoso.

Que yo sepa, Jovenel Moïse, elegido en 2016, juró su cargo sobre la Constitución de 1987, que debe, bajo pena de perjurio, respetar. En efecto, el artículo 135.1 dice que “el Presidente de la República… presta ante la Asamblea Nacional el siguiente juramento: Juro ante Dios y ante la Nación observar y hacer observar fielmente la Constitución y las leyes de la República, respetar y hacer respetar los derechos del pueblo…” El artículo 136 le obliga a “velar por el respeto y ejecución de la Constitución y por la estabilidad de las instituciones…” Sus poderes definidos en la Sección B del Capítulo III (artículos 137 y siguientes) recuerdan que “el Presidente no tiene más poderes que los que le otorga la Constitución” (artículo 150).

Qué ha hecho desde que juró su cargo el 7 de febrero de 2017?

La lista es larga de sus abusos gubernamentales e inconstitucionales; comienza con su negativa de publicar en Le Moniteur (agosto de 2017) los resultados de las elecciones indirectas para la formación de las asambleas municipales y se extiende a la formación de un CEP títere al que se le encomienda la alta misión no sólo de organizar elecciones, sino también un referéndum sobre un nuevo proyecto constitucional.

– Ninguna elección en el ámbito local (gobierno local) y nacional (cámaras legislativas);

– Desde 2019, los PM (primeros ministros) se han venido sucediendo y los gobiernos se fueron constituyendo fuera de las normas;

– A partir del trastorno provocado en 2020 por la caducidad del mandato de los diputados y el de dos tercios del Senado, éste último a la sola interpretación del Jefe del Estado, el resultado es que el poder se encuentra concentrado en las manos del Presidente de la República quien se arroga el derecho, a través de decretos, de obtener todo al margen y en contra de la Constitución;

– Ataques frontales contra instituciones independientes (CSPJ, Tribunal de Casación, CSC/CA, etc.), ninguna estructura de la administración pública se ha salvado.

– En este batiburrillo de decretos promulgados por su cuenta, como si estuviera en la posición de un presidente provisional, se notará que cada asunto obedece a una lógica demoníaca de destrucción de los derechos fundamentales y de la estructura institucional del Estado.

Después de haber provocado el vacío institucional, el presidente Moïse, ¡oh ácida ironía! se arroga el derecho de pretender restablecer la norma principal del marco jurídico del Estado convocando al pueblo a decidir sobre una nueva Carta que él mismo ha urdido por medio de sus agentes y cuya conformidad con las características históricas y socioculturales de este pueblo sólo él dice apreciar. Estamos frente a un déspota, que impone su voluntad, sus fantasías y sus caprichos a todo un pueblo con absoluto desconocimiento de todas las leyes y de todos los derechos individuales y colectivos que podrían impedir su poder.

He trabajado lo suficiente en la problemática constitucional haitiana como para no seguir interesándome por ella, especialmente en tiempos de crisis. La historia nos espera a la vuelta de los dos próximos plazos -tras el del 7 de febrero de 2021, cuyos efectos están aún por evaluar-: este referéndum del 27 de junio y las elecciones generales previstas para septiembre. Todos estos son retos que habrá que asumir y que ya nos ofrecen la oportunidad:

– De Identificar el juego de las fuerzas de intervención internacional,

– De apreciar la escandalosa complacencia del Jefe del Estado y la temeridad del bando gubernamental de impulsar a fondo la instauración de un nuevo régimen totalitario,

– Pero también para evaluar la capacidad de combate y los conocimientos estratégicos de las organizaciones nacionales con vocación democrática.

Jovenel Moïse ha terminado así de llevar al Estado haitiano a una estrepitosa quiebra, mientras el país degenera en múltiples crisis (económicas, sociales, de seguridad, institucionales, etc.) ¿Sobre qué base legal renovar el personal político, reconstituir los poderes del Estado cuando las disposiciones previstas para ello han sido destruidas? ¿Dónde se encuentra la vía?

– En la Constitución en vigor, el procedimiento de revisión se indica en los artículos 282 a 284. Ejemplo, las enmiendas presentadas por el Ejecutivo en 2009 y confirmadas por la Asamblea Nacional en 2011.

– ¿Debe revisarse o debe producirse otro recurriendo a un llamamiento al pueblo a través de un referéndum? Se produce entonces una inversión del orden constitucional ocasionada por graves acontecimientos sociales y políticos. Lo que se produjo en la coyuntura que siguió a la caída de Duvalier (1986-1987). 

La Constitución de 1987 ha sido durante mucho tiempo objeto de serias críticas por parte de los especialistas. Se han elaborado informes detallados, entre ellos el que llevó al Presidente Préval a presentar al Parlamento, en septiembre de 2009, una propuesta de enmiendas como las indicadas en los artículos 282 a 284. El último, el trabajo de la Comisión Especial de la Cámara de Diputados, movilizó desde 2017 hasta 2019 a importantes sectores de la sociedad civil y política. Resulta paradójico que Jovenel Moïse, que gozaba de una mayoría aplastante en la Cámara Baja, no haya considerado oportuno aprovecharla para llevar a buen puerto los trabajos parlamentarios hacia un proyecto de reforma conforme a las disposiciones de la Carta. Hoy ha decidido, al margen de todo derecho y a pesar de la prohibición formal de la constitución que rige el país, convocar la ratificación por referéndum de un proyecto de nueva constitución.

Jovenel Moïse cree haber encontrado el camino avanzando a través de pequeños golpes de Estado justificados por lo que en su campo se llama “la necesidad del momento”. ¿Será que la gobernanza del país está ahora al margen de las normas mientras el Ejecutivo está dirigido por un Presidente elegido que juró “cumplir y hacer cumplir fielmente la Constitución y las leyes de la República”?

– Incluso mientras hace valer su derecho constitucional, en virtud del artículo 134, de completar su mandato el 7 de febrero de 2022, frente a los defensores del mismo artículo declinado en el 134. 2 y 134.3 para el 7 de febrero de 2021, el Jefe del Estado también está convencido de que debe celebrarse un referéndum constitucionalmente prohibido para elaborar una nueva constitución. Sin embargo, no se ha producido un derrocamiento constitucional como el del 7 de febrero de 1986. Por lo que sé, el Estado haitiano dispone de un sistema jurídico perfectamente válido que permitiría a Jovenel Moïse ejercer su función de Jefe de Estado sin tratar de asaltar las instituciones aún existentes (el CSPJ, los tribunales, el CSC/CA, etc.), ni recurrir a decretos  liberticidas, provocadores, totalmente desprovistos de cualquier legalidad. El artículo 136 de la Constitución, al obligarle a “velar por la estabilidad de las instituciones… a  garantizar el funcionamiento regular de los poderes y asegurar la continuidad del Estado… no le permite hacer lo que le venga en gana ignorando los artículos 58 a 60.2 que establecen los principios básicos del ejercicio de la soberanía nacional

– Entonces, en una situación así, ¿dónde está la coherencia? Dice tener la Constitución para mantenerse en el poder hasta 2022 y al mismo tiempo la viola para alterar el orden constitucional. Además, afirma que está rehaciendo la Constitución que considera inadaptada, mientras que boicotea sistemáticamente los trabajos de la Comisión Especial de Reforma Constitucional de la Cámara de Diputados en la que tenía una mayoría aplastante. Y no dudó en utilizar esta mayoría para deshacerse del primer ministro Jean Henri Céant, del que temía que pudiera hacerle sombra.

– En ausencia del Consejo Constitucional, que en principio está facultado para decidir, pero que nunca se ha constituido desde la reforma constitucional de 2011-2012 (¿de quién es la culpa?), persistió en utilizar su derecho constitucional de llegar al final de su mandato el 7 de febrero de 2022, en contra de las pretensiones de los partidarios del final en 2021. Pero, en esa fecha, habiendo sido barrido el Parlamento, ni siquiera pudo referirse al 2016 anterior cuando al final del Acuerdo del 5 de febrero de 2016 el Parlamento y el Presidente Michel Martelly establecieron un modus operandi para la salida de este último el 7 de febrero de 2016.

– Por decencia, inspirado en este precedente, tendría que dimitir o recurrir a las fuerzas existentes, los partidos políticos y/o las organizaciones de la sociedad civil en busca de un compromiso, como ocurrió bajo la presidencia de René Préval, que tuvo que recurrir al Acuerdo del 6 de marzo de 1999 para salir del estancamiento gubernamental.

El argumento oficial ofrecido por la camarilla de Jovenel Moïse a finales de 2020 es que ya existe un amplio consenso para el cambio constitucional, pero no hay acuerdo sobre la mejor manera de hacerlo. De ahí la elaboración de un proyecto de nueva constitución con su comité especial, su CEP títere, su referéndum.

Abordar ingenuamente la cuestión del referéndum, entrar indignado y de cabeza baja en el debate sobre el proyecto constitucional de Jovenel, es ignorar todo el proceso que ha conducido a este acto comparable a un golpe de Estado. Es hacerle el juego a este aprendiz de dictador y legitimar de alguna manera este referéndum que debemos rechazar como resultado de cuatro años de gobierno tóxico que se ha empeñado en destruir todas las conquistas constitucionales del movimiento democrático Para el movimiento ciudadano y democrático, se trata de un acto criminal de una enorme  gravedad; impuesto en este contexto de aguda confrontación y persistente inseguridad, crea un intenso momento de provocación favorable a la acción de bandas, masacres y secuestros. ¿Podría ser ésta su estrategia de tierra arrasada?

En cualquier caso, desde hace mucho tiempo y en muchos sectores, se han aceptado los efectos destructivos de la grave e interminable crisis de la transición post-Duvalier y se ha incluido la cuestión constitucional. Desde hace más de 20 años, se incluye en todos los proyectos de pacto nacional, de conferencia nacional o de transición de ruptura. ¿Cómo se puede lograr esto?

No está en manos de nadie, ni del Presidente de la República ni de ninguna otra institución del Estado, hacerlo sin un amplio consenso que involucre a las fuerzas vivas de la nación. La elaboración de una nueva constitución, lo mejor adaptada posible, no será suficiente para definir el drama del país sin una concertación nacional para un examen riguroso y severo de las causas de nuestros fracasos y la búsqueda de una salida duradera.

Claude Moïse

El autor – Claude Moïse, historiador y analista político, es especialista en la historia de las constituciones haitianas. Miembro de Honor de la Sociedad Haitiana de Historia y Geografía, y miembro del comité científico de la Cátedra Louis-Joseph-Janvier de Constitucionalismo en Haití (Universidad Quisqueya). Claude MOISE ha hecho de las constituciones haitianas el campo privilegiado de su trabajo como historiador. Se le debe una activa contribución a los debates sobre la cuestión constitucional (1997, 2007, 2015) y a los trabajos de las comisiones sobre la reforma constitucional (2007, 2009, 2017). Entre sus numerosas publicaciones destacan: “Constitutions et luttes de pouvoir en Haïti”; T.1 “La faillite des classes dirigeantes, 1804-1915”, Montreal, CIDIHCA, 1988; T.2 “De l’occupation étrangère à la dictature macoute, 1915-1987”, Montreal, CIDIHCA, 1990; “Une Constitution dans la tourmente”, Montreal, Les Éditions Images, 1994. “Le Pouvoir législatif dans le système politique haïtien. Un aperçu historique”, CIDIHCA, Montreal, 1999. Claude Moïse también es conocido por su participación en organizaciones que promueven el movimiento ciudadano tanto en la diáspora como en Haití (Collectif Paroles, Initiatives démocratiques, Trase yon lot chimen pou Ayiti) y por varios ensayos de análisis político. Profesor jubilado y ex redactor jefe del diario haitiano Le Matin (2004-2008), Claude Moïse fue representante de Haití en el Consejo Ejecutivo de la UNESCO (2009-2011). Es autor, publicado por el CIDIHCA y la Universidad Quisqueya Montreal/Puerto Príncipe, 2020, del libro “Les trois âges du constitutionnalisme haïtien. Independencia, ocupación extranjera, democracia: ruptura y continuidad”.  

http://lenational.org/post_free.php?elif=1_CONTENUE/tribunes&rebmun=1896

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