Cómo se involucraron los colombianos en el asesinato de Haití

Grandes sueños y falsas promesas: Revelaciones sobre el reclutamiento de veteranos militares, 18 de ellos arrestados y tres de ellos muertos.

La policía apaga un neumático incendiado por manifestantes molestos con la creciente violencia en el barrio de Lalue de Puerto Príncipe. Foto AP Photo/Fernando Llano. 

Julie Turkewitz y Anatoly Kurmanaev, actualizado al 14/07/2021 11:47, BOGOTÁ, Colombia – “Señores”, comenzaba el mensaje de texto del reclutador, “hay una empresa americana que necesita fuerzas especiales, comandos con experiencia, para un trabajo en Centroamérica”.

La paga, seguía explicando el reclutador, les cambiaría la vida:entre 2.500 y 3.500 dólares al mes, muchas veces lo que ganaban los veteranos como miembros retirados de las fuerzas armadas colombianas.

La policía trabaja para despejar una ruta en Puerto Príncipe. Foto AP Photo/Fernando Llano.
La policía trabaja para despejar una ruta en Puerto Príncipe. Foto AP Photo/Fernando Llano.

Y la misión era noble, afirmó el reclutador.

“Vamos a ayudar a la recuperación del país, en términos de seguridad y democracia”, continuó el reclutador, instando a los hombres a ponerse en forma ahora.

“Vamos a ser pioneros”.

En cambio, 18 de los reclutas están ahora bajo custodia en Haití, sospechosos por las autoridades haitianas de estar vinculados a un complot para asesinar al presidente Jovenel Moïse, que fue asesinado la semana pasada en un asalto nocturno a su residencia.

Tres de los reclutas han muerto.

La mayoría parece haber sido contactada en los meses anteriores a la muerte de Moïse por un grupo de empresarios, algunos con sede en Estados Unidos, que exageraron sus credenciales y el alcance de sus empresas.

Engañaron a algunos de los reclutas sobre el proyecto en el que se embarcaban e incumplieron las promesas de pagarles miles de dólares.

 Mensajes

The New York Times revisó los mensajes de texto de reclutamiento con fechas y entrevistó a una docena de hombres a los que se les propuso participar en la operación de Haití a principios de este año, pero que no acabaron yendo en junio, en algunos casos porque se suponía que formaban parte de una segunda oleada de reclutas programada para aterrizar en Haití en un momento posterior, según dijeron.

En las entrevistas, los veteranos colombianos dijeron que los reclutadores les habían dicho -en persona y a través de mensajes de WhatsApp que luego compartieron con el Times- que iban a luchar contra las bandas, a mejorar la seguridad, a proteger a los dignatarios y la democracia y a ayudar a reconstruir un país que lleva mucho tiempo sufriendo.

Detrás del esfuerzo, afirmaban los reclutadores, estaba una importante empresa de seguridad estadounidense con fondos del gobierno de Estados Unidos para respaldarlos.

Pero CTU, la empresa que reclutó a los colombianos y cuyo logotipo y nombre figuraban en los buzos negros que los reclutas llevaban como uniforme, estaba dirigida desde un pequeño depósito en Miami por Antonio Intriago, un venezolano-estadounidense con un historial de deudas, desahucios y quiebras.

Las autoridades colombianas han dicho que su investigación sobre la participación de sus ciudadanos en el plan de asesinato se centra en Germán Alejandro Rivera, un capitán retirado, que, según dicen, parece haber sido el principal contacto de los reclutadores con sede en Estados Unidos.

Los funcionarios consulares colombianos aún no han tenido acceso a sus ciudadanos detenidos, lo que les ha obligado a depender de la información proporcionada por las autoridades haitianas, dijo el lunes a los periodistas el viceministro de Asuntos Exteriores de Colombia, Francisco Echeverri.

Sin embargo, según informes de los medios de comunicación colombianos, que citan a oficiales de inteligencia del país, Rivera dijo a los fiscales haitianos que estaba entre un grupo de siete soldados colombianos retirados que entraron en la residencia presidencial la noche del asesinato.

Los informes no mencionan el papel que él u otros colombianos podrían haber desempeñado en el asesinato, pero añaden una capa de duda a la ya turbia historia y plantean preguntas sobre el grado de conocimiento que algunos miembros del grupo colombiano podrían haber tenido del complot que se desarrolló en las primeras horas del 7 de julio y que dejó a Moïse muerto y a su esposa herida, pero a nadie más.

El misterio se complica por las frecuentes escalas que el jefe de la guardia del palacio presidencial de Moïse, Dimitri Hérard, hizo en Bogotá en los meses anteriores al asesinato. Hérard, que fue entrenado en el vecino Ecuador, transitó por la ciudad seis veces este año en su camino hacia otros países latinoamericanos, pasando al menos dos días en la capital colombiana en al menos una ocasión, dijo el ministro de Defensa de Colombia durante una conferencia de prensa el lunes.

El reclutamiento de colombianos para la misión parece haber comenzado cuando Duberney Capador, un ex soldado con 20 años de experiencia en la fuerza, recibió una llamada en abril de una empresa de seguridad pidiéndole que armara un grupo que “protegiera a personas importantes en Haití”, dijo su hermana, Yenny Carolina Capador.

Duberney Capador, de 40 años, se había retirado del ejército en 2019 y vivía con su madre en una granja familiar.

Aprovechó la oportunidad, dijo su hermana.

Promesas

El mensaje de texto dirigido a los “caballeros”, que describía el proyecto como un importante esfuerzo de construcción de la nación, procedía de un número de teléfono que pertenecía a Capador, según su hermana.

Pronto se convirtió en el principal reclutador de la operación y comenzó a enviar mensajes a sus antiguos compañeros militares.

Muchos de ellos dijeron en las entrevistas que confiaban en él porque era uno de ellos: un ex soldado que había pasado años recorriendo Colombia, luchando contra las guerrillas de izquierda y otros enemigos en condiciones adversas.

Muchos también tenían dificultades económicas.

La mayoría se había retirado poco antes de la pandemia, y algunos habían sido rechazados de los trabajos de seguridad privada más lucrativos y deseados en Oriente Medio debido a su edad relativamente avanzada.

“Llevo cuatro años fuera del ejército y he buscado trabajo”, dijo Leodan Bolaños, de 45 años, uno de los reclutas que nunca llegó a Haití.

Lo que había encontrado pagaba demasiado poco, dijo.

“Señores”, escribió Capador en el mensaje de texto que envió en abril al menos a un ex soldado.

“Llevamos mucho tiempo esperando otros proyectos y nada, nada”.

Capador organizó a los hombres en grupos de WhatsApp con nombres como “Primer Vuelo”, y les instó a comprar buzos y botas oscuras y a preparar sus pasaportes.

El gobierno de Estados Unidos les pagaría sus salarios, indicó, y el trabajo les abriría las puertas para trabajar en toda Centroamérica, prometió en al menos uno de los mensajes.

El gobierno de Estados Unidos ha negado cualquier papel en la trama.

A mediados de mayo, Capador había volado a Haití para encontrar una base de operaciones para los hombres y reunir suministros.

“Todo lo que sabemos es que íbamos a proporcionar seguridad en una zona exclusiva bajo el mando del señor Capador”, dijo un recluta que pidió que no se le nombrara para proteger su seguridad.

“No nos interesaba saber cuánto tiempo, ni dónde, ni el nombre de la persona a la que íbamos a proteger”.

Pero Capador, que fue uno de los colombianos asesinados tras el atentado contra el presidente, parece haber sido sólo un actor de una trama mayor.

Las autoridades colombianas dicen que Capador viajó a Haití con otro ex soldado:

Rivera, el capitán retirado que está en el centro de la investigación de las autoridades colombianas sobre el papel que sus ciudadanos pueden haber desempeñado en el asesinato.

También dicen que Rivera tuvo contacto con Intriago, el propietario de la empresa de seguridad con sede en Florida, CTU, y con James Solages, un estadounidense de origen haitiano detenido en relación con la muerte del presidente.

Intriago no respondió a las múltiples solicitudes de comentarios.

Muchos de los reclutas volaron de Colombia a la República Dominicana a principios de junio, cruzando a Haití por tierra desde la República Dominicana.

Sus vuelos se pagaron con una tarjeta de crédito registrada en Miami, según las autoridades colombianas.

Los hombres se alojaron juntos en una casa de campo con piscina y permanecieron en contacto permanente con sus familiares, varios de los cuales hablaron con The New York Times.

Pero más que la construcción de la nación que esperaban, sus días fueron relativamente mundanos, llenos de ejercicio, clases de inglés y cocina.

El lunes 5 de julio celebraron un asado en el recinto y algunos enviaron fotos a casa.

El martes 6 de julio, los hombres creyeron que recibirían su primera paga.

Pero ese dinero nunca llegó, según dos de sus familiares.

Luego, el miércoles 7 de julio, las autoridades haitianas afirman que un grupo de atacantes irrumpió en la residencia de Moïse en las afueras de la capital, Puerto Príncipe, a la 1 de la madrugada.

Los pistoleros le dispararon e hirieron a su esposa, Martine Moïse, en lo que las autoridades haitianas calificaron de operación bien planificada en la que participaron “extranjeros” que hablaban español.

Mientras las autoridades investigan el papel de los ex soldados, algunos de los reclutas que aún están en Colombia dijeron que se sentían engañados.

“Nos aseguró que era un buen trabajo, que no se iba a ensuciar las manos”, dijo Bolaños, un veterano militar de 15 años, sobre Capador.

“Nuestros compañeros que están allí, todos fueron engañados”.

Edinson Bolaños y Sofía Villamil contribuyeron con su reporte.

c.2021 The New York Times Company

https://www.clarin.com/new-york-times-international-weekly/involucraron-colombianos-asesinato-haiti_0_IlkLqcY16.html

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